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martes, 18 de septiembre de 2018

Un boquerón en la tertulia Sherlockiana (o Holmesiana): 6 Napoleones.



Este pasado 21 de julio de 2018 pude asistir a una de las Tertulias Sherlockianas (o Holmesianas) de Madrid. Se trata del grupo más dinámico de los existentes en el estado español. Ya conocía a muchos de los tertulianos en persona, a otros por Facebook y a otros tuve el placer de conocerlos en ese momento. La delegación Malagueña fue nutrida: los Wolfville brothers, Manuel Berlanga y un servidor. Me encontré en casa, como Miguel Ríos volviendo a su Granada natal.


Vuelvo a Granada (1968) Miguel Ríos



Con orden y concisión se expusieron los argumentos que la lectura de La aventura de los seis napoleones (The Adventure of the Six Napoleons) nos había suscitado. Cómo soy muy cumplido y con la intención de no desmerecer, me preparé mi intervención: no fue la más preparada, no fue la más sesuda, no fue la más ingeniosa, no fue la más memorable, fue la mía. La única que os pudo colgar en mi blog, cosa que hago tras copiar de Wikipedia el argumento del cuento:

“…  Lo que empieza aparentemente como la diversión de un loco obsesionado con Napoleón I, tal como declara el inspector Lestrade, da un giro dramático cuando Horace Harker, propietario de uno de los bustos destruidos, descubre en la escalinata de su casa el cadáver del mafioso Pietro Venucci. Holmes se hace cargo de la investigación y descubre rápidamente los verdaderos motivos del aparente lunático. La "idée fixe" por la que, según Watson, el agresor destruye los bustos de Napoleón, resulta ser la búsqueda de una perla negra perteneciente a los Borgia y que el criminal -el malvado Beppo- había escondido en uno de los bustos, tras habérsela robado al príncipe de Colonna. …”
Ilustrador Sidney Paget


Mis Notas de La aventura de los seis napoleones.

En diciembre de 1893 se publica El problema Final dando carta de nacimiento a Moriarty “el Napoleón del crimen”. El cuento que nos ocupa se publicó en mayo de 1904 siendo una aventura del resucitado Holmes (a diferencia de El Sabueso de los Barkerville que aunque es posterior en fecha de publicación a la fecha de publicación de la muerte de Holmes, la aventura se sitúa antes en la cronología interna de las narraciones). Cual no es mi sorpresa al encontrarme con:

“… no cabe duda de que anoche entro en su casa un peligroso maníaco homicida que se cree Napoleón. …”
¿Doyle está dando una pista a sus lectores, para que crean que Moriarty está detrás de la rotura de los bustos? Pero la alegría dura poco en la casa del pobre; esta pista es fruto no deseado de la traducción de José Manuel Ibeas para la edición del canon de Cátedra, en la traducción de Lucía Márquez de la Plata para la edición del canon de Kingler en Akal se lee:

“… un peligroso y lunático homicida con delirios napoleónicos entró en su casa la pasada noche. …”
Por despejar dudas, Doyle escribió:

“…that it is certain that a dangerous homicidal lunatic with Napoleonic delusions was in his house last night. …”
Todo ha sido un espejismo.
Este cuento es uno de los más recordados y apreciados del canon, incluso a mí me gusta, sin embargo es uno de los menos plausibles. Las inducciones finales de Holmes se sustentan en la colonia italiana de Londres. Basta que dos personas sean italianas para que ya haya un lazo de unión y complicidad. Es cierto que es una comunidad cerrada en sí misma y con una importante ley del silencio (Omertá), que sin embargo en algunos lances del cuento no se tiene en cuenta, y en otros, como las brillantes inducciones, si parece hacerlo.
Tenemos a un Sherlock con la guardia no baja, paupérrima: parece una quinceañera victoriana enamorada, cualquier alago le afecta. ¿Cuándo iba a permitir Sherlock que Lestrade le ocupase su tiempo con una tontada como la rotura de un par de esculturas de cerámica? por muy rico que fuera el doctor Barnicot propietario de los bustos rotos, ni un pestañeo le hubiese ocupado en otros mejores momentos. Y ya puestos me pregunto ¿no es más fácil romper el busto en un lugar más discreto y no dejar restos en el propio lugar del crimen?
El asesinato, el requerido asesinato para que el caso entre en la órbita de Holmes, resulta poco creíble, eso sin conocer nada del asunto y una vez resuelto, lo es del todo. ¿Cómo se puede ser el finado tan torpe de estar apostado acechando a su presa y pasar de ser el cazador a ser el cazado y sin causar el más mínimo rasguño a la supuesta víctima? Asesinado que lleva en el bolsillo la foto de un paisano que ya conoce ¿Qué iba a preguntar a los ingleses por un italiano? Un italiano que resulta ser:

“… Era un truhan bastante conocido en la colonia italiana. …”
Cuesta creer que nuestro detective investigase la muerte de un extranjero pobre e italiano para más INRI, por mucha “gracia” que le hicieran los bustos napoleónicos. Más aun con el evidente desdén que los ingleses victorianos sentían por los pobres, los obreros (“… Estaba mal vestido, pero no parece un obrero. …”) por los extranjeros (“… en cuyas casas de apartamentos sudan y se sofocan desplazados de toda Europa. …”) y aún más por los extranjeros, obreros, pobres italianos.

Ilustrador Sidney Paget


DETALLES DESTACABLES:

1.- ¿Seré yo? ¿Seré yo?, o Doyle tenía ganas de acabar de escribir rápido el relato. En tres de los interrogatorios sólo se narra las respuestas del interrogado, repitiendo en forma de pregunta lo que a su vez se le preguntaba, lo que agiliza la lectura… pero también la escritura. No recuerdo el uso de esta técnica narrativa en ningún otro cuento, pero mi memoria flojea en exceso.  

2.- Manipulación de la prensa. Holmes manipula intencionadamente la prensa para conseguir que el delincuente se confíe y prosiga con su modus operandi. Pese al desprecio absoluto a los italianos, parece ser que estos leían el periódico a diario… al menos los delincuentes. ¡Qué lujo de delincuentes! No sólo saben leer en su lengua materna, sino también el inglés. ¡VENGA YA!

3.- Sabemos que los victorianos eran de creer en la superioridad racial y que los criminales se les reconocía por sus caras y cabezas, pero esto roza lo esperpéntico:

“… Ha habido un acto de violencia, como se deduce de los hombros caídos y el cuello estirado del individuo. …”
4.- Este cuento me ha hecho refutar algo que sospechaba: la pobreza intelectual de los cachorros de la derecha española, que no les da ni para inventar nuevos improperios. La más de las veces les da únicamente para plagiar, en este caso a Doyle:

“… Es una campaña nihilista, estoy seguro. Solo a un anarquista se le ocurriría ir por ahí rompiendo estatuas. Republicanos rojos, eso es lo que son. …”
Sustitúyase nihilista por podemita (ya que dudo mucho que un máster amañado en la Universidad Juan Carlos I o un supuesto doctorado en la Universitat Auònoma de Barcelona de para saber que es el nihilismo) y cierre los ojos: ¿a qué esta frase la podría haber dicho Pablo Casado o Albert Rivera?
by PacoMan

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