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sábado, 24 de enero de 2026

El que no comía gambas.

 

En algún momento escribiré una entradilla para este cuento de mi autoría.



El que no comía gambas.

Las trompetas y los ropajes del heraldo irrumpieron en la humilde jaima del viejo, ciego y derrotado Marsuf.

— ¡Levanta viejo gandul! Tu sultana y la princesa se dignan a entrar en esta pocilga. ¡Levántate perro! —Marsuf, despertó del sopor que las bebidas espirituosas regalan a sus más fieles seguidores.

—Buenos días.

El viejo tapándose su inmunda desnudez atinó a responder:

—Mi señora Miriam, perdonar a este viejo carcamal, si sus heraldos se hubieran adelantado a su persona, tiempo habría tenido de adecentarme.

—Sabes que me divierte verte azorado y espero que esta vergüenza te desincentive a beber como si no hubiera mañana. No tolero el alcohol entre mis súbditos, pero a ti te lo consiento. No abuses, no vaya a agotárseme tanta magnanimidad.

—Pero que oyen mis viejos oídos ¿no es ese ratoncito la bella Maragda?

Un torbellino de sedas salto al cuello del viejo pirata y traidor, haciéndolo caer sobre sus espaldas.

— ¿A qué debo tanto honor?

—Una infección se ha declarado en Orlón y todos están en sus tiendas. Pero Maragda se aburre y quiere que le cuentes una historia.

—Vaya ahora soy un nuevo Boccaccio.

—No, mejor una nueva Sherezade, mi princesa es muy jovencita para algunos cuentos del Decamerón, viejo picarón.

—Como tú mandes mi sultana— el viejo vagabundo estelar se inclinó con una picara sonrisa.

—¡Marsuf! ¡Cuéntame un cuento!— grito la joven Maragda. La nube de sedas que la envolvían se aposentó, quedamente, junto a su madre.

— ¿Y qué te cuento perla de Oriente, rubí del este, felicidad de Orlón, la …. —interrumpió la eterna retahíla, la sultana: —Cuéntale porque no comes gambas, viejo tramposo.

—Sí, ese será un buen tema para empezar, pero te acabaré contando una vieja historia de renuncia, de renuncia por amor. Empecemos pues, Princesa Maragda no creas que no como gambas porque no me gustan. No me vuelven loco, pero si las comería, si peladas ya estuvieran.

— ¿Entonces, por qué no las comes?

—Porque no están peladas. Me gustan las gambas, pero liberarla de su piel de crustáceo decápodo me reporta una desutilidad que unida a la utilidad de comerlas lo hacen en total inferior a cualquier alternativa alimenticia disponible, que es la que acabo escogiendo.

—Entonces ¿no comes gambas porque hay otras comidas?— inquirió la joven princesa.

—Muy bien. Quien ofrece gambas cocidas en una comida a la que yo asisto, no es pobre, y de pobre sería ofrecer únicamente gambas en un banquete. En los banquetes se ofrecen gambas y se ofrecen otros muchos manjares. Cuando decido que voy a comer valoro la utilidad que me reportarían, de comerlos, los distintos manjares restándole los esfuerzos necesarios para comerlos: como por ejemplo pelar una gamba o abrir una nuez. De entre todas las utilidades netas escojo la mayor y ese es el alimento que escojo y como.

—¿Y siempre comes lo mismo?

—No. La utilidad que me da comer un dátil se reduce con cada dátil que como. Me gustan los dátiles, sobre todo el primero. Cuando ya he comido uno, un segundo me apetece, pero menos que el primero y más que el tercero. Es muy posible que tras comer el segundo me sea mucho más placentero comer un primer trozo de queso de cabra, que un tercer dátil o que la primera gamba por pelar. Así midiendo la utilidad en cada alternativa, cada vez que he comido algo, es cómo voy seleccionando lo próximo que comeré. Y nunca como una gamba, pues siempre hay suficientes y variados manjares en la mesa, lo que permite que la utilidad de los alimentos comidos por mí, nunca baje tanto como para que la utilidad neta de comerme la primera gamba y pelarla sea mayor que repetir algún otro mangar ya comido, pese a lo decreciente de su satisfacción. Además, yo soy de poco comer.

—Sí, bellaco, eres de poco comer pero de mucho beber. Y esto de la utilidad decreciente que le cuentas a mi hija ¿no te lo aplicas al vino?

—¡Ah! Mi señora Miriam, no como a la vez que bebo. No bebéis lo que yo bebo, y doy mil gracias a su magnánima indulgencia por dejar,  que a escondidas, pueda beber, lo que yo bebo. Maragda no bebo para calmar mi sed, bebo para sobrellevar la insoportable levedad de mi ser. Y para eso no hay sustitutivos al vino, al menos en Orlón… ni tampoco los quiero. He llegado a ser amigo de mis demonios y camarada de mis resacas, no voy a poner en peligro esas relaciones por conocer un sustituto. Cuando sólo hay un bien que cubre una necesidad, no hay elección, sólo consumo hasta saciar mi necesidad. Pero intuyo que mi princesa no ha quedado convencida con mis explicaciones. ¿Es así Maragda?

—Las gambas peladas te gustan, las sin pelar no.

—Entiendo que no comes gambas porque tienes que pelarlas. —Tomó la palabra la sultana—. Cuando hay gambas que pelar, siempre hay otras muchas cosas que te gustan más. Tantas, que nunca ocurre que antes de saciarte te apetezca una gamba que pelar, pues un cuarto dátil o un segundo trozo de queso te es más apetecible. Cosa que no te pasa con el vino, pues sólo el vino te sirve para emborracharte, no trates de engañar a la pequeña; pues bebes hasta que no te cabe una gota más.

Las risas llenaron la sucia y raída jaima, lugar impropio de sultanas y princesas, aún así, la princesa Maragda pasó algunos de los mejores momentos de su infancia con aquel bellaco malhablado y medio ciego.

—No quiero que te lleves una opinión equivocada. La elección es virtuosa, como hemos visto con las gambas. Cuando no hay elección como en el vino, no creáis que me abandono hasta que no puedo más, bebo hasta alcanzar la embriaguez. Sé que este ejemplo no es… el mejor. Tengo otro, de como, en ausencia de elección, la moderación se impone frente a acaparar hasta reventar, como se acapara papel del culo en cualquier pandemia viral de tres al cuarto.

—Tú ¿moderado? Ni el día que naciste– aseveró la sultana.

—Me entristece oírlo de mi sultana, su padre, él nunca suficientemente loado Jesup ben Omar el Mokri me conocía y tenía mejor opinión que mi sultana. El sabía que a pocas cosas soy más aficionado que a los cuentos de un viejo detective llamado Sherlock Holmes, y sin embargo nunca lo leo… bueno casi nunca. Y eso que tengo sus 56 cuentos y 4 novelas en lenguaje Brallei.

—Marsuf, cuéntame eso. Que no lo entiendo. Nada te gusta más que leer cuentos de tu viejo detective, pero nunca lo haces ¿Por qué?

—Bien, retomemos. Hemos visto que la utilidad marginal, aquella utilidad que nos da la última unidad consumida, ya sea de dátiles o de vino, es menor que la que da la anterior unidad, pero mayor que la próxima.

—Cada vez que comes algo o bebes un trago te gusta pero menos que lo anterior que comiste o bebiste.

—A ver si yo lo he entendido —vino a aclarar Miriam, más por ayudar a su hija que por necesidad propia—. Un dátil me da mucha utilidad, si como un segundo dátil aumenta la utilidad total, es decir la utilidad marginal de la segunda unidad, es algo así como la diferencia de la utilidad total tras haber comido dos dátiles menos la utilidad total de haber comido uno solo. Y según nos quieres contar, la utilidad marginal de los siguientes dátiles es cada vez menor, y por eso la llamas decreciente.

—Así es, cada nuevo dátil reporta cada vez menos utilidad, pero siempre positiva. Es lo que se conoce coma la ley de la utilidad decreciente. Y esa ley aplica siempre, bueno casi siempre. Pero esas excepciones te lo contaré, cual nueva Sherezade, la próxima noche de las mil y una. Ahora centrémonos en porque (casi) no leo a Sherlock.

—Vale, cuéntamelo.

—Cada vez que leo un cuento, que no he leído nunca, del detective consultor obtengo una grandísima utilidad marginal. Pero si leyera otro seguidamente la utilidad marginal disminuiría mucho y además me quedaría un cuento menos sin leer. Entonces lo único que puedo hacer es parar. Esperar que pase mucho tiempo para que la utilidad marginal vuelva a crecer.

—¡No lo entiendo! ¿Por qué, que pase el tiempo hace que la utilidad marginal crezca?

—Fácil. Cuando te comes el primer dátil te gusta mucho. Pero si no comes más hasta el día siguiente y entonces sí, te comes otro, ¿es mayor o menor la utilidad del de hoy o el de ayer?

—Más o menos igual— contestó ávida la princesita.

—Pues ahí lo tienes, una vez que pasa el suficiente tiempo, la satisfacción se repone. Tengo que dejar pasar el tiempo suficiente para que se recargue.

—Vale, lo entiendo. Lees uno cada mucho tiempo para que cada vez que lees uno, sea como el primero.

—Eso es y eso sería suficiente. Pero además, cuando ya te haces viejo y te quedan menos días que vivir que los vividos es cuestión de repartir. De alargar los cuentos que me quedan por leer parar cubrir los días que me quedan por vivir. Me gustaría no privarme nunca de un último cuento por leer con la máxima utilidad marginal por disfrutar. Esa y no otra es la forma de maximizar su disfrute. Esto es renunciar a los cuentos de Sherlock, precisamente por amarlos tanto. Eso es vivir con desapego.

—Epicúreo enseñaba lo mismo— sentenció Miriam.

—Mi sultana, he contado a la princesa un cuento viejo con las nuevas palabras de hoy, no dije que el cuento fuera original, pues nada nuevo hay bajo el Sol, sólo procuré que fuera entretenido.

–Y dime Marsuf ¿esto de la Ley de la utilidad marginal decreciente se inventó para que un viejo borracho como tú cuente estas viejas historias?

—No, mi sultana. Se inventó para resolver la paradoja del agua y el diamante.

— ¿Y qué paradoja es esa?— preguntó Maragda.

— ¿Cómo es posible que siendo el agua imprescindible para la vida valga tan poco, mientras que un diamante que sirve de tan poco, valga tanto?

—Buena pregunta, pero será mañana, pequeña princesa cuando Marsuf te la contestará, es hora de irnos.

—Con su permiso mi sultana, será mañana cuando la princesa me proponga su respuesta, pues un cuento no ha cumplido su función hasta que no se aprende su moraleja. Pero una pista le daré a mi bella Maragda: Ningún sediento compra diamantes.

ANEXO

Marsuf es un entrañable personaje creado por Tomás Salvador en 1964 del que escribió dos antologías de relatos: Marsuf El vagabundo del Espacio (1964) y Nuevas aventuras de Marsuf (1971), particularmente mi Marsuf bebe directamente del último Marsuf, el del cuento que cierra la segunda antología: “Marsuf y los piratas”.

En economía, la función de utilidad es un unicornio rosáceo necesario para dar coherencia interna a la teoría del consumidor; necesaria para obtener las funciones de demanda del mercado. La función de utilidad es una función que nos da los útiles obtenidos por los individuos al consumir una cesta de bienes y servicios.  Nace a finales del siglo XIX como un intento desesperado de construir una teoría económica científica, diferente de la clásica (que no lo es) sobre la que se sustenta la economía marxista (que si es científica). Se necesita una teoría de la fijación de precios distinta a la mano invisible de Adam Smith. En un principio era necesario un enfoque cardinal, es decir se requería conocer exactamente los útiles que obtenían los consumidores. Lo que es del todo imposible: era pura ciencia ficción. No fue hasta que el inglés William Stanley Jevons  entorno a 1862, el austriaco Carl Menger (fundador de la funesta escuela de pensamiento económico austriaca)  entorno a 1871 y el suizo Léon Walras entre 1874 y 1877 que se obvió ese aspecto, pudiendo por primera vez presentar batalla científica a las teorías desarrolladas por Marx.

La paradoja del valor del agua y los diamantes es antigua, ya Nicolás Copérnico en el siglo XV la analizó, pero no es hasta Adam Smith, en el XVIII, que no se cimentan sus soluciones. 

Pudor me da hablar de Epicúreo de Samos muerto el 270 a. C., apuntar que lo descrito es una búsqueda de la Ataraxia.

 

by PacoMan


lunes, 5 de enero de 2026

El Espejismo de la Tradición Navideña

La Navidad es el espejismo que creó Charles Dickens con su magnífico Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843), los grandes almacenes engordaron y Disney elevó al pedestal que ocupa hoy: el epítome de la felicidad y bondad humana.



Evidentemente ante este panorama sólo cabe ser un Grinch. Es comprensible el tremendo impacto que el solsticio de invierno tuvo en la humanidad, de ahí que casi todas las culturas y sociedades humanas las celebraran de una u otra forma. Por eso, no es de extrañar que instituciones humanas posteriores se “apropiaran” de ella, dándole el conveniente barniz. Por ejemplo, la Iglesias y ahora el capitalismo en su penúltima evolución: el consumismo.

Harto de enviar y recibir la típica felicitación navideña, el epítome del cuñadismo. Me he puesto manos a la obra. Año a año la reutilizaré… como hace el resto de la humanidad: Reciclando falsas buenas intenciones, afectos de atrezo y felicidad impostada, per sécula seculórum.

Aquí os dejo mi perene felicitación navideña:




El Espejismo de la Tradición

España: ese país donde celebramos el cambio de año de forma "tradicional", como se ha hecho toda la vida. ¿O tal vez no?


Ea, un poco de perspectiva:

 

1. Las uvas y la suerte: Comer las doce uvas empezó como una broma de unos madrileños en 1895 y no se instauró de forma masiva hasta 1909 (por un excedente de cosecha en Alicante). La Lotería de Navidad es algo más "vieja": empezó en 1812, el año de la Pepa.





2. El baile del calendario: En 1582, con el paso del calendario Juliano al Gregoriano, nuestra realidad cambió por completo:

* El año pasó a acabar el 31 de diciembre (hasta entonces lo hacía en marzo).



* Empezamos a contar los años como "Anno Domini" (año del Señor). Antes de eso, en la Península nos regíamos por la Era Hispánica, contando desde el 38 a.C. ¡Vivíamos con 38 años de adelanto respecto al resto del mundo!

 


3. La solidez del tiempo: España, como unidad, empieza a existir tras la caída de Granada en 1492. Nuestras tradiciones "más arraigadas" tienen apenas 533 años. Como curiosidad, el Al-Ándalus (la Hispania musulmana) duró bastante más: del 711 al 1492.

 

Al final, lo que creemos eterno es solo un suspiro en la historia. Ni el calendario fue siempre el mismo, ni las uvas estuvieron siempre ahí, ni nosotros somos más que un parpadeo.

 

Sic transit gloria mundi.

 

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año nuevo!




domingo, 28 de diciembre de 2025

Yo, follower: La dignidad de la derrota y la neurona del caballo.

¡El noventa por ciento de todo es basura!

 


y viene siendo así, al menos desde 1957 momento en que Theodore Sturgeon [1] enunció su famosa Ley. Si el bueno de Theodore siguiera entre nosotros (nos dejó en 1985), sin duda alguna, modificaría el enunciado de su Ley. Evidentemente no sé cuál sería la cuantía de la basura actual que él nos diría: pero sería mayor, bastante mayor del 90%.

Que las redes sociales están llenas de mentiras es algo sabido y compartido, que los periódicos digitales también lo están ya lo es menos y que los medios de comunicación tradicionales también lo están, encontrará muchos detractores, pero para mí es una evidencia.

Es la Doctrina Bush la que da un sustento moral y teórico a la práctica tan actual de difundir su propia realidad, independientemente que coincida o no con la verdad. La Doctrina Bush empezó a aplicarse en la presidencia de George Bush hijo, tras los atentados de las Torres Gemelas (11 setiembre 2001). Desde ese momento ellos creaban su propia realidad, la que más le convenía. Ese fue el nacimiento de la posverdad [2], técnica informativa que se aplica hoy día con el menor de los disimulos. Pero como bien sabemos, en el fondo:

 

nihil novi sub solem

 

Doctrina Bush

Toda esta “modernidad” no es más que el trasunto supuestamente democrático del concepto que Goebbels llevó a la práctica: la propaganda debe ser eficaz, sin necesidad de ser veraz.

Todo este largo preámbulo para afirmar que hay tanta mentira y basura, hoy día en las fuentes de información, que buscar no ya la verdad, sino rastros de ella, es un esfuerzo hercúleo, un trabajo descomunal cuyo premio es bien escaso, no en vano:

 

La verdad te hace libre, pero no necesariamente feliz

 


Desisto, me rindo, me incluyo voluntariamente en el rebaño y confío en la estrategia de defensa del cardumen [3] para lidiar con esta realidad abyecta que nos ha tocado vivir.

Ya lo dijo Borges, y yo no podría mejorarlo de ninguna de las maneras:

  


Sólo me falta elegir de quien voy a ser seguidor. ¿Qué influencer, qué líder político, qué cantante, qué offsider, qué programa de televisión, qué gurú guiará mis opiniones, gustos y votos? No es que pierda mi capacidad de raciocinio, simplemente aplicaré el velo de racionalidad limitada [4]. Dejaré de preocuparme, de sentir angustia cuando las noticias me alcancen. Cuando nos llamen a las urnas, no deberé perder tiempo informándome de que proponen las distintas alternativas y juzgar cual es la que más me conviene y/o más me convence. Ante mi se abre las vastas posibilidades inherentes al buen salvaje de Rousseau. Espero ahora sí, que al no conocer la verdad, la felicidad me alcance en toda su plenitud.

Será una elección costosa y bien complicada. En esta decisión el velo de la racionalidad limitada se rasgará y todas las neuronas las pondré a trabajar, y no me afectará tener más o menos que un caballo. Es una elección trascendente, a partir de ese momento, mi espíritu crítico no volverá a participar en los menesteres que mi líder de opinión decida por mí.

Es un error creer que los followers asumen sus líderes de forma espontánea, que se va asumiendo poco a poco con el contacto con las redes sociales, con las conversaciones con los compañeros de clases y amigos. Vaya que no es una acción que fluya de forma natural, todo lo contrario, es doloroso como un parto.


Posiblemente, amable lector, no comparta conmigo esta última opinión. Seguramente usted mantenga que el líder de opinión asalta la mente de sus seguidores, desde el sigilo y de forma constante. Y tendrá razón, probablemente es cierto, que una gran mayoría de personas influenciadas e influenciables adquieran esa condición de esa manera, la contraria a como yo lo he expresado. Por lo tanto, corrijo: yo no asumiré a mi líder de opinión de esa forma. Lo haré como el canto del cisne, como el último baile de mi espíritu crítico.

Y será así, por qué es importante para mí. Escogeré un líder que tenga opiniones claras, contundentes, sin dudas, con una lógica ungida divinamente, que se pronuncie sobre cualquier caso o tema, siguiendo lo marcado por la tradición. Y lo haré no porque sea fácil, sino por ser realmente difícil, exigiéndome lo mejor de mí mismo.

Mi vida será otra, cada vez que me impacte una cuestión de actualidad o alguien me interpele mi opinión, sólo tendré que recordar o verificar que opina mi líder e instantáneamente, sin coste de meninges y de forma fluida, surgirá de mi: la respuesta, Y esta será exactamente la contraria a la del líder. Mi líder será un faro, una guía certera y un ancla de opinión, será tan execrable, tan vomitivo que será un verdadero placer defender justo lo contrario, lo opuesto que evidentemente será lo sensato y lo correcto.



En esta época donde cualquier contertulio sabe de todos los temas de actualidad, son verdaderos hombres y mujeres del renacimiento, todo lo saben, tienen las opiniones más doctas. En ese espíritu del cuñadismo [5] tan navideño, no será complicado encontrar candidatos a guía de lo malvado, de lo pérfido, de los deshonesto, de lo corrupto. Lo arduo será escoger uno entre tantos.

Como dijo Robe Iniesta:


doy todo por perdido en cada batalla y nunca me he rendido

 

 by PacoMan

Les Franqueses del Vallés, 28 diciembre 2025

 

Post Data:

Fue Delibes el que nos intentó gastar una broma con su libro: Los Santos Inocentes. Pero no lo era, sino un cuadro hiperrealista de la España rural a principios de los 60’s.

Aunque el artículo sea un "intento con poco éxito" comparado con el maestro, al menos es un intento de no ser un santo inocente en manos de los creadores de realidad.






[1] Sturgeon es un brillante escritor norteamericano que cultivo la temática fantástica. He pasado grandes momentos leyendo su obra, en particular guardo un gran recuerdo de sus libros: Caviar (Caviar, 1955) y Más que humano (More Than Human,1953).


[2] Posverdad o mentira emotiva, es un neologismo que implica la distorsión deliberada de una realidad en la que priman las emociones y las creencias personales frente a los hechos objetivos, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, tal como lo define el Diccionario de la Real Academia Española (RAE)

[3] Un cardumen o banco de peces es un conjunto de peces similares, no necesariamente de una misma especie. Se reserva el término cardumen cuando este conjunto de peces nada altamente sincronizados y de manera polarizada. Es un comportamiento de agregación de animales de similar tamaño y orientación, generalmente cruzándose en la misma dirección. Estas conductas les traen beneficios, incluyendo la defensa contra predadores (mejorando su detección y diluyendo la posibilidad de captura).

Tomado de la voz Cardumen de Wikipedia.

Post Data: nadar polarizadamente se consigue cuando todos los peces están orientados hacia la misma dirección y mantienen la misma velocidad. Vaya, un perfecto símil del pensamiento único.


[4] La teoría de la racionalidad limitada de Herbert Simon plantea que las personas tomamos decisiones de forma parcialmente irracional a causa de nuestras limitaciones cognitivas, de información y de tiempo.

Vaya que no nos merece la pena dedicarle tiempo a tomar una decisión. Los economistas lo dedujimos al observar el comportamiento de los consumidores cuando realizan sus compras en un Supermercado. Tanto es así, que hay una nueva carrera universitaria, un spin-off de los economistas: los de marketing. Las gentes del marketing se dedican a profundizar en la senda señalada, además lo hacen de una forma arto provechosa. Su principal suposición es que los consumidores tenemos una neurona más que un caballo. Las personas tendremos más o menos neuronas, pero cuando compramos, solo usamos una más que los caballos… y lo hacemos para no ir meándonos en los pasillos o frente a la cajera, como si hacen los caballos en los desfiles.


[5] Precisamente el cuñadismo es un fenómeno bien conocido, se llama: El efecto Dunning-Kruger es el sesgo cognitivo por el que algunas personas dotadas de capacidades relativamente limitadas en áreas concretas tienden, precisamente debido a esas limitaciones, a sobreestimar su capacidad y desempeño reales en tales áreas. Algunos investigadores también incluyen en la misma categoría cognitiva el efecto inverso, es decir, aquel que, aplicado a las personas de alto rendimiento, podría sintetizarse como la tendencia a subestimar sus propias facultades. Tomado de Wikipedia.









viernes, 19 de julio de 2024

Sherlock Holmes y el Sabina, ese que canta.

 

No es de dominio público que el conocido poeta, compositor y cantante: Joaquín Sabina (Úbeda (Jaén) 1949) sea devoto de Sherlock Holmes. Pero es fácil encontrar, en las redes, dos apariciones estelares (y explícitas) del mejor investigador privado, en las canciones compuestas e interpretadas por Sabina.

La primera es en la canción Ponme un trago más del disco Mentiras piadosas (1990). Con el inconfundible estilo de un Sabina más joven, se narra una conversación, que salvo en el primer verso, sólo escuchamos las respuestas del camarero interpelado por el protagonista:


¡Hey tú! Ponme un trago más.
Lo siento, señor, pero cerramos a las tres.
¿Era un Cutty Sark?
Dos mil, por favor, le invitamos al café.
Ya le he dicho que su chica no está,
vino, pero se marchó
¿Qué se yo con quién? pagaron y en paz.
No me llamo Sherlock Holmes.

Ponme un trago más

La segunda es en la canción Semos diferentes del disco Dímelo en la calle (2001), canción que forma parte de la banda sonora de la película Torrente 2, misión en Marbella (2000) dirigida por Santiago Segura. Canción interpretada por el propio Sabina y Santiago Segura, que interpreta a Torrente en esta segunda entrega de la parodia, a caballo del humor negro y el esperpento, de los detectives privados de la novela negra (noir). Algo tan consustancialmente patrio como el propio Torrente. La letra de la canción recoge el tono irreverente y canalla de la película:


Donde los reyes
más Golding Mayer de la baraja
chulean a Mortadelo
con crecepelo de las rebajas.

El niño de Scotland Yard
torea regular
y por consiguiente
Sherlock Holmes, se acompleja,
para cortar las orejas
hay que tenerlos como Torrente.

Semos diferentes


Pero estas apariciones no merecen este minúsculo articulillo. Ambas citas son apelaciones de ese estereotipo mundial en que se ha convertido Sherlock Holmes, compartido, incluso, por personas que jamás han leído un relato de Doyle, ni visto una película o serie protagonizada por él.

A modo de making of del Somos diferentes. 


Hay una inesperada influencia, en un magnífico pastiche: El Xangô de Baker Street (O Xangô de Baker Street, 1995) de Jô Soares (Río de Janeiro, 1938 - São Paulo, 2022). Soares fue humorista, presentador de televisión brasileña, dramaturgo y autor de un único pastiche holmesiano, este que nos ocupa. El humor, que cabría esperar impregnara toda la novela, aparece en contadas ocasiones, pero sutil e inteligentemente, muy apartado de las típicas parodias holmesianas anglosajonas. La profusa documentación que aparece en la bibliografía de la novela ya hace sospechar, que nos encontramos ante un pretexto para contarnos como era la sociedad brasileña de 1886 de la capital, por aquel entonces: Sao Paulo, bajo el reinado de Pedro II. La excusa es la visita que la actriz de teatro francesa Sarah Bernhardt realizó al gigante sudamericano. Un Stradivarius robado mezclado con brutales muertes de mujeres con mucha nocturnidad y poca alevosía, hace más que recomendable la presencia de nuestro dúo preferido, que acuden prestos a la llamada del monarca. El pastiche es ameno, agradable de leer y mantiene el interés de los holmesianos de pro.

El Xangô de Baker Street de Jô Soares


Este pastiche, editado en España en 1996 por Siruela en su colección bolsillo con el número 26 y traducido por Jesús Prado, fue llevado al cine, con el mismo nombre que la novela, en una coproducción brasileño-portuguesa de 2001 dirigida por Miguel Faria Jr. La película, aun siendo aceptable, no consigue el nivel de interés para los holmesianos, que sí alcanza la novela.

Llegando a este punto, es imposible no recordar la oportunidad perdida para el cine español, cuando en 2012 José Luis Garci quiso rodar una película del Madrid de Galdós y Sherlock Holmes fue la excusa[1], hablo de Holmes & Watson Madrid Days. Las semejanzas con la película que nos ocupa me permiten suponer, que Garci se pudo haber inspirado en ella.

Soares, en la página 126, nos introduce y describe un personaje secundario de poco recorrido en la trama (de hecho, no aparece en la película); Sarmiento, de una forma que es imposible no recordar a Sabina:

“… Sarmiento, hombre abotijado y sin cuello, procedía del interior de Ceará. Muy joven todavía, y movido por un espíritu aventurero, se contrató en calidad de marinero en un barco de la New-Zealand Shipping Company, resuelto a dar la vuelta al mundo. Durante quince años ejercicio los oficios más dispares en diversos países: fue mozo de rickshaw en Hong Kong, banderillero en Barcelona, aguador en Bombay, cochero de la Wells Fargo en Missouri, chamán en el Perú, croupier en Londres, gondolero en Venecia, destilador de whisky en Glasgow, cantante en el Tirol, sepulturero en Estambul, molinero en Coimbra y, finalmente, gigoló en París; y en todo ese tiempo aprendió a hablar chino mandarín, español, hindi, inglés, italiano, alemán, turco y francés, lenguas que Sarmiento dominaba con perfecto acento cearense. …”

Evidentemente hablo de la canción La del pirata cojo del disco Física y Química (1992):

A vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje
y la piel de todos los hombres
que nunca seré:

Al Caponne en Chicago, legionario en Melilla, pintor en Montparnase, mercader en Damasco, costalero en Sevilla, negro en Nueva Orleans, viejo verde en Sodoma, deportado en Siberia, sultán en un harén, policía ni en broma, triunfador de la feria, gitanito en Jerez, tahúr en Montecarlo, cigarrillo en tu boca, taxista en Nueva York, el más chulo del barrio y tiro porque me toca, suspenso en religión, confesor de la reina, banderillero en Cádiz, tabernero en Dublín, comunista en las Vegas, ahogado en el Titanic, flautista en Hammelin.
(…)
Billarista a tres bandas, insumiso en el cielo, dueño de un cabaret, arañazo en tu espalda, tenor en Rigoletto, pianista de un burdel, bongosero en la Habana, Casanova en Venecia, anciano en Shangri-La, polizón en tu cama, vocalista de orquesta, mejor tiempo en Le Mans, cronista de sucesos, detective en apuros conservado en alcohol, violador en tus sueños, suicida en el viaducto, guapo en un culebrón, morfinómano en China, desertor en la guerra, boxeador en Detroit, cazador en la India, marinero en Marsella, fotógrafo en Playboy.

La del pirata cojo.


Billy, el botones (by PacoMan)



[1] No lo digo yo, lo dijeron Eduardo Torres-Dulce y Luis Alberto de Cuenca el 22 de octubre de 2016 en el hotel Coloso de Madrid, al amparo de los Madrid Days organizado por el Círculo Holmes. Mi crónica sobre el evento se puede leer en el Jezail Bulletin número 61 (4º trimestre 2016) Año XVII o en versión digital en el sitio Filmtropia:

https://www.filmtropia.com/opinionoff-madriddays

 


viernes, 21 de julio de 2023

A la aventura con chaleco: Mi intervención en la presentación de La cura de todos los males de Nacho Platero

 

Este texto es una recreación a partir de mis notas de:

Presentación Una cura para todos los males de Ignacio Platero. 3 de junio de 2023. El Huesca (Carranque) 19 horas.

Empezaré dando las gracias: a Ignacio por cedernos tan impagable marco. A Nacho por pedirme que le acompañé en esta presentación y a ustedes, temerarios, por venir.

Imagen usada en las redes para dar a conocer la presentación


0.- Hablar de cine.

Estamos en la presentación de un libro, una novela, una buena novela, pero mis primeras palabras van a versar sobre cine y series de televisión.

No nos engañemos; el libro está muerto. Pero como un buen zombi alarga su vida a través de la nuestra, la de los lectores. El libro casi desaparecerá cuando lo hagamos nosotros. Lo haremos con grandeza, honor y brillando. Pero mientras llega ese momento debemos aceptar que nuestras referencias, las referencias que usamos para entendernos con el resto de la humanidad se apoyan en el mundo audiovisual y no en la literatura. Y eso, aunque sólo sea porque los que leemos, somos una minoría, maravillosa, pero minoría... y alguna vez, sólo alguna vez, no hemos leído el libro, pero si visto la película.

El incomparable marco, antiguo Huesca en Carranque

Todas las referencias que usaré las citaré primero por sus películas (en rojo), porque son estas películas las que han fijado a fuego el icono del arquetipo que voy a perfilar en esta breve, bueno no tan breve, intervención. Recalcar que no voy a hablar de las influencias[1] que a Nacho le han inspirado el libro que presentamos hoy. Sólo voy a hablar de la idea colectiva que tenemos de un personaje que todos reconocemos inmediatamente: el Capitán Nemo, un capitán de hombres y magnate tecnológico-industrial. Arquetipo que ha llegado hasta nuestros días y que no responde, ni de lejos, a la realidad. Nos aferramos falsamente a una idea romántica del inventor hecho a si mismo.

Y pese a ello seguiré hablando de libros. Y lo haré por dos razones: la primera es por romanticismo. Como Red Butler, protagonista de Lo que el viento se llevó (1935, Victor Fleming) soy un romántico empedernido, defensor de causas perdidas: él se enroló en el ejército confederado cuando era claro que perdían la guerra y yo hablo de libros por la misma razón. Y la segunda es por la inercia, toda una vida interesado por los libros. No me veo capaz de superar el tremendo coste emocional que me supondría cambiar ahora. El bueno de Alvin Toffler y su La tercera ola, de 1979, tendrían mucho que decir al respecto, pero como no hay película del libro, lo dejaré pasar.

Uno de los dibujos de las dedicatorias que realizó José Antonio Fiestas Joya durante la firma de ejemplares


1.- Antecedentes: cuando a la aventura se llevaba salacot y chaleco.

Desde la perspectiva y la ignorancia, la ciencia ficción escrita en las últimas tres, cuatro décadas del sigo XIX la llamo “victoriana” y eso que uno de sus grandes creadores es un francés de Nantes: Jules Verne.

Haciendo un ejercicio, que el bueno de Valle Inclán no dudaría en tildar de esperpéntico, esta literatura llamada, posteriormente, de ciencia ficción compartía varios elementos definitorios: se viajaba a la salvaje naturaleza de la mano de prodigiosos gadgets tecnológicos y se vestía rigurosamente: con chaleco, siempre, y salacot, si tocaba.

Nacho soplándose sus ardientes dedos, mientras yo no quiero verlo.


Aunque hay muchas obras con estas características quiero destacar dos, que conforman un díptico por su influencia en el inconsciente colectivo. Hablo del Díptico de Nemo:

20.000 leguas de viaje submarino (1954, Richard Fleischer, producida por Disney) con Kirk Douglas como protagonista de acción y el gran James Mason como Nemo. Verne escribió esta novela en 1870.

Isla Misteriosa (1961, Cy Endfield) con Herbert Lom como Nemo, película menor, de la interesante novela de Verne escrita en 1875.

Y voy añadir una tercera película, donde se introduce al Ingeniero Robur: El amo del mundo (1961, William Witney) con Vincent Price en el papel de Robur y Charles Bronson en el de marinero de acción. En cierto sentido parece un film fruto del éxito del de Disney, donde se clonan los personajes. Verne tituló la novela: Robur el conquistador (1886).

Capitán Nemo (James Mason)


Nemo y Robur son el arquetipo del capitán de hombre y de naves prodigiosas. Inventan y controlan las invenciones tecnológicas como lo hacen con los hombres. En la novela que nos ocupa La cura de todos los males (página 175) se nos define a Jason Law:

“…  Acabábamos de llegar y allí estaba Jason Law: Me sorprendió que fuera tan joven con todos los logros y la fama que había cosechado, pues apena aparentaba treinta y pocos años. Era alto, delgado, y lucía una postura imperiosa (…)

Tuve la impresión de que no se intimidaba por las gentes, y de alguna manera, tampoco esperaba nada de su público, No sabría traducir qué mezcla de condescendencia, orgullo y respeto había bajo aquella expresión. …”

Es el espíritu del liberalismo económico, que el neoliberalismo ha adaptado sin tapujos. Si antes eran el Capitán Nemo, el Ingeniero Robur y nuestro Jason Law, ahora son los Jeff Brezos, Steven Jobs, Elon Musk y Mark Zuckerberg los capitales de hombres a bordo de sus empresas start-ups.

El sueño, el concepto detrás de este arquetipo es que la creación de una mejora tecnológica debe usarse para el desarrollo económico y que eso se consigue, eso se domina con la voluntad férrea de un capitán, de un capitán de hombres.

¿Qué? ¿Empezamos? 


La cura de todos los males nos habla de cómo una colonia se desarrolla económicamente. El único ejemplo “real” de esta situación, que un país se desarrolla en “segunda oleada” tras el desarrollo de las potencias europeas; son los EE.UU. y por poco, no en vano su independencia del Reino Unido (1775-1781) coincide con la Revolución Industrial (en 1760 se inicia), lo que supone el inicio del desarrollo económico. 

Todo capitán de hombres, todo capitán Nemo tiene un plan que lo hace triunfador, se nos haya explicado o no. En el caso de Nemo y Robur su propio invento y su solvencia de recursos son muestras del éxito de su plan, por ello Verne no nos lo cuenta. En la novela que nos ocupa Jason Law en 1860 nos propone unas mejoras tecnológicas en los medios de transporte con una estética Diesel Punk, lo que le permite una producción igual de eficiente que la obtenida en el Reino Unido y una diferenciación del producto, que le da acceso a mercados más selectos, más rentables. Vaya todo un desarrollo de Marketing, aunque este no se inventará hasta 1902 en los EE.UU. Debo decir que la preocupación del autor de esta novela, vamos Nacho, de dotar a su entramado político económico de verosimilitud es encomiable, sobre todo en una época, nuestra época[2], donde el detalle por la tramoya no existe o se realiza con una burda brocha.

Si añadimos que en las últimas décadas del XIX todas las potencias europeas estaban a la búsqueda y captura de mercados para la venta de sus productos y lugares donde obtener materias primas, tenemos el cuadro completo del trasfondo de la novela de esta presentación. Vaya, lo que se conoció como el colonialismo que comenzó a acabar[3] en la Primera Guerra Mundial, en la segunda década del siglo XX. Nacho recrea este cuidado marco con mimo y esmero para desarrollar una historia de acción fantástica (en las acepciones segunda y cuarta del término según la Real Academia Española de la Lengua).


2.- Desarrollar un país no es fácil.

Bien lo saben, los que hayan visto: Un yanki en la corte del rey Arturo (varias películas, todas malas, desde 1931). Mark Twain escribió la novela en 1889. Esta novela estresa el problema de la industria auxiliar, cuestión que todos los autores “desarrollistas” de la ciencia ficción victoriana obvian. En Una cura para todos los males, Ignacio Platero es consciente de este problema como nos muestra esta cita de la página 202:

“… Supe luego que había ciertos elementos de la cabina y motores que habían sido forjados en fundiciones francesas, parte del motor y las turbinas en la de Leard. Otros en Prusia y Bélgica. Imagino que al no tener la potencia industrial suficiente para crear desde cero tal ingenio en las islas, se encargó a distintos países para evitar el espionaje industrial. …”

Y este es el problema inicial más visible para el desarrollo, hay más, como prueba: ahí están todos los países que no han conseguido desarrollarse aún, hoy día. Pese a ello, y gracias al afianzamiento del arquetipo, la sociedad, nuestra sociedad, no piensa eso, todo lo contrario. Piensa que el desarrollo económico es “fácil”. Y si estos países no se han desarrollado es por la desidia de sus pobladores, indígenas incultos todos ellos, por la falta de voluntad, por la falta de líderes, por la falta de capitanes como Nemo, como Robur y como Jason Law.

Otro de los dibujos que regaló José Antonio


Como explicar que no es cierto, que el mundo académico no sabe explicar el fenómeno del desarrollo de Europa y los EE.UU., que se siguen analizando como casos históricos. Que los nuevos países desarrollados de Asia, todos han tenido economías planificadas, sí, como si de un país comunista se tratase, para posteriormente y una vez alcanzado el nivel de desarrollo inicial, sí se ha dado carta libre al capitalismo, pero nunca antes. Dejar al capitalismo medrar a sus anchas es garantía suficiente para no alcanzar el desarrollo económico, no lo digo yo, lo dice la historia económica. Ahí están las facultades y sus planes de estudio para ratificar mis palabras. Sirva como botón de muestra la situación actual: China. China, que sigue siendo comunista en lo primordial, es la primera potencia industrial del mundo. El capitalismo es tan vigoroso que un país, pobre como las ratas, le ha dado una paliza monumental, simplemente planificando. Pero eso es otra historia que bien merece ser contada en otro momento.

3.- Antecedentes: conciencia social.

No todos los escritores de ciencia ficción victoriana eran reaccionarios o supremacistas. Había algunos con conciencia social, reflejo de lo que acontecía en el mundo en esos momentos, vaya en el Reino Unido, que para eso eran la 1ª potencia mundial. Así el pionero del movimiento obrero británico, pero opuesto a la lucha de clases marxistas, Robert Owen esparcía su pensamiento desde 1828, de hecho, aparece en la novela que presentamos. La sociedad británica Fabiana opera desde 1884 y el más importante: el alemán Karl Marx escribe su El capital en el Londres victoriano de 1867.

Perdiéndolo todo, otro dibujo de José Antonio


Sin duda La máquina del tiempo (1960, George Pal) interpretada por Rod Taylor es el más claro ejemplo de una historia de clases, de clases sociales. ¿Qué son si no, los Elois y los Morlocks? Sino la evolución “natural” de los burgueses y proletarios respectivamente. H. G. Wells escribió esta magnífica novela en 1895. Pero no es la única, La isla del Doctor Moreau (1996, John Frankenheimer) y con Marlon Brando en el papel del Mad Doctor[4], ¿no son acaso los animales humanizados una versión de los proletarios? Wells la escribió en 1896.

Y aunque sólo sea por la extraordinaria banda sonora de Ennio Morricone, en puro estado de gracia, cabe destacarse La Misión (1986, Roland Joffé), donde se nos propone una conquista y colonización idílica y por tanto imposible.

Nuestro Jason Law no sólo es un capitán de hombres, sino que tiene conciencia social, de hecho, el extenso apéndice de esta novela es la narración de como medió, con éxito, en la revolución proletaria de la colonia, evitando no sólo un baño de sangre sino trayendo un largo de periodo de paz social y prosperidad material. Eso sí, manteniendo el poder en manos de los burgueses y todo ello gracias al anticipo, en más de 100 años, de lo que conocimos en Europa como el Estado del Bienestar: El pacto de clases entre burgueses y proletarios vía el Estado, en el cual, los primeros se comprometían a cubrir (vía presupuesto del gobierno) las necesidades básicas de los proletarios: sanidad, educación y ciertas ganancias laborales: vacaciones y jubilación[5] entre otras y los proletarios renunciaban a la lucha armada. Y funciona, en la novela y en la realidad, funciona, así nos quedamos con la imagen de un Jason Law padre de los proletarios: Todo para los trabajadores… pero sin los trabajadores, claro está.

Lo del arquetipo, Paco, es una chorrada... y lo sabes.


4.- Acabando. El retorno a la metrópoli.

Es imposible ser original, y el que lo pretenda es que no ha leído lo suficiente, no ha visto suficiente cine. He desgranado lo más novedoso de La cura de todos los males frente a los cientos de novelas equiparables en la ciencia ficción victoriana. Y casi todo, por no decir todo, se ha basado en traer a colación cosas que llegaron posteriormente. Ya me vale, es verosímil, me lo creo. Recordemos que hablamos de ciencia ficción, y usted lector, al igual que yo, hemos disfrutado de la saga de La Guerra de las Galaxias (todo empezó: hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… más concretamente en Hollywood, en 1977 dirigida por Georges Lucas) cuya verosimilitud no es cero, es negativa: un infinito negativo.

Pero se me hace imposible hablar del arquetipo neoliberal del Capitán de Hombres de la industria moderna que nació con el Capitán Nemo y no hablar de la última reencarnación de nuestro querido capitán: La Liga de los hombres extraordinarios (2003, Stephen Norrington) una mala película basada en un magnífico cómic del legendario Alan Moore. En algún momento se le hará justicia a este cómic. Mientras ese momento llega, veamos que la lista de personajes de tan literaria Liga casi se solapa con los personajes de la novela La cura de todos los males. Ya he comentado que es del todo imposible ser original. Estas historias victorianas de ciencia ficción son primas hermanas, unas de otras, y han tenido centenares de sobrinos más modernos.

Así el Capitán Nemo es nuestro Jason Law, Allan Quatermain (Seann Connery en la película) es nuestro Steven Bullsom, Profesor Moriarty es nuestro Doctor Helmut Johns. Y para acabar el Henry Jekyll y Mr. Hyde es nuestro Joseph Blake (licántropo)[6].

Gracias y disfruten, como yo lo hice, de la lectura La cura de todos los males.

by PacoMan



[1] El Espíritu de maravilla que impregna la novela es deudor del que creaba Edgar Rice Burroughs en sus icónicos Tarzán y John Carter entre otras muchas de sus creaciones. Los primeros escritos de Charles Dickens han influido en el tratamiento de los personajes de esta novela. Es reconocible el toque “a lo”: Herbert G Wells y Robert Louis Stevenson. De los folletines de antaño ha emulado esa forma por captar el interés de los finales de entrega: el efecto conocido como cliffhanger. Seguro que hay más, pero ni yo lo he sabido ver, ni el autor reconocérmelos.

[2] Perdón por la autocita, en otro lugar he definido esta época, nuestra época como:

“… Son tiempos de estorninos, de escritores que no leen, de espectadores que ven sus series a velocidad acelerada, que con conocer el titular ya están perfectamente informados y que votan sin haber pensado. …”

[3] Aunque tuvo ramalazos hasta finales del siglo XX. Y aún hoy quedan ciertos vestigios minúsculos, pero existentes de colonias.

[4] El Mad Doctor una variante perversa del arquetipo del Capitán Nemo. El mal se adueña del capitán de hombres y lo aleja de la luz, del desarrollo económico y la conquista del mundo. De la conquista del mundo “de forma legítima”, vaya como las potencias europeas sometieron a África, Asia y América. Así el Mad Doctor quiere dominar el mundo, pero por un sendero equivocado… demasiado parecido a la revolución que promueve el comunismo, pero esa historia debe ser contada en otro momento.

[5] Todas esas libertades y ventajas que se están eliminando una a una en la actualidad de nuestras sociedades modernas, desaparecen como lágrimas en la lluvia.

[6] Aquí quiero destacar el cameo que un niño llamado Robert Louis Stevenson tiene en la novela que presentamos.