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viernes, 23 de mayo de 2014

¿Se puede bajar el precio de los libros si se venden más?



Rescato del olvido una entrada que no llegó a ser. La extinta revista BEM (algo más que un fanzine pero menos que una revista profesional (no pagaba a sus colaboradores) fue durante un tiempo el elemento vertebrador del fándom español. Lo fue, desgraciadamente, por su soledad y afortunadamente, por la calidad de sus colaboradores. Les remití esta entrada a sus editores; aprobaron su publicación... pero nunca se produjo. Lo puedo entender, era más joven e impulsivo: hoy nunca escribiría un párrafo como el tercero. En mi descargo diré que aconsejaba a débiles de corazón saltárselo. Sin embargo he decidido no tocar ni una coma.
Nos encontramos a finales de 1.994. Tras los fastos del 92 (Expo de Sevilla y olimpiada de Barcelona), entramos en una importante recesión (nada comparada con la actual)... el tercer párrafo es hijo de su tiempo... pero permite vislumbrar que pasados casi 20 años... la cosa sigue igual o peor.
En otro orden de cosas, es sorprendente que gustándonos tanto la Ciencia Ficción... nuestra capacidad de previsión, nuestra visión de futuro sea... cero patatero, -10... un desastre.

Al final conseguí que mi nombre apareciera en un BEM, fue en el número 47, en el número de Octubre/Noviembre de 1995, en el especial sobre la Hispacon de 1994 celebrada en Burjassot. Como se puede leer en el pie de foto, yo hice esta foto. En este mismo número aparezco incidentalmente ocupando un mínimo del 20% de una fotografía del dossier sobre la Hispacon... lo que tiene ser grande.

¡Por fin mi nombre publicado en BEM! Se me cita como autor en el pie de foto

¿Libros? ¿qué es un libro, papa?   

El debate de esta entrada, hoy me parece estéril, pero no el mensaje. Seguimos pensando en un mundo como el descrito por Adam Smith, seguimos pensando que el precio de las cosas reflejan principalmente el coste de su obtención... . Habría que leer más a Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth. (1953) Mercaderes del espacio (en inglés The Space Merchants)... ya que su mundo se parece más al nuestro que el de Smith.

¿Se puede bajar el precio de los libros si se venden más?


Miquel Barceló ha publicado recientemente dos artículos en esta revista, ¿Son caros los libros de ciencia ficción? nº 37 y Si quieres escribir, no traduzcas... nº 40, donde se trata la edición en España. A raíz de estos artículos y una cierta corriente de opinión que impera, en particular, en la línea editorial de la revista y en general en  la afición, creo que podría ser interesante sacarla a flote y comentarlo.
BEM 37
Parece que se intente justificar el alto precio de los libros de ciencia ficción por los altos costes en los que se incurre en su producción y lo poco que se venden. Se argumenta que los libros publicados son básicamente extranjeros y hay que pagar a un traductor a 1.100 pts la página (ojo, que los de Literatura en general (con la ele mayúscula) cobran el doble [1]) y a un siniestro personaje: el corrector de estilo y como además se venden menos de tres mil volúmenes, para que sea rentable debe fijarse un precio alto. Los escasos libros de escritores españoles son también muy caros, a pesar de no necesitar traducción y los autores cobran poquísimo; las razones son las aún más reducidas ventas.
Pero este argumento se cae por su propio peso con el brillante estudio del primer artículo de Miquel[2]; "... Los libros de ciencia ficción no son tan caros como parecen... ..." ya que los otros también lo son. Son caros a pesar de las grandes tiradas, de evitarse traducciones y correcciones de estilo. Se interpreta por una sencilla extrapolación que el precio de los libros no se verá reducido si aumentan los lectores, si se lee más a autores autóctonos y si mejoran el estilo de escritores nacionales y traductores.

BEM 40
(El siguiente párrafo no es recomendable a aquellas personas susceptibles. Si es su caso, salte al inicio del siguiente. Gracias). Si a pesar de ello se sigue manteniendo el argumento de los altos costes, cabe preguntarle al editor por qué no los reduce. Si en aras de la competitividad internacional, de la inevitabilidad del progreso, de lo sofisticado de la competencia transnacional y un largo etcétera se congelan salarios, se reducen plantillas, se precariza el trabajo, se esclaviza a los jóvenes hasta los 25 años, se pone en la picota el modelo familiar mediterráneo (sí hombre, que vamos al anglosajón, todos de alquiler y una familia centrífuga frente a la centrípeta latina) se disminuyen beneficios o simplemente se trasladan las plantas productivas (desde aquí un cálido recuerdo a los trabajadores de Suzuki-Santana, Gillette y Seat (planta zona franca) por poner un ejemplo), o se aumenta la lista de parados de larga duración y/o mayores de 45 años, si después de imponer el despido quasi-libre, si después de renunciar a reivendicaciones históricas, no es de recibo que ustedes no sean capaces de mejorar su gestión: mire señor editor, baje sus costes de producción. Por ejemplo, elimine su corrector de estilo, ...¿qué me dice?..., si los escritores españoles no tienen buen estilo, pues no les publique, ...perdone... mire, si los traductores después de lo que cobran escriben mal, despídalos y contrate a otros, ...¿qué?... mire si no encuentra traductores, yo le doy el teléfono de todas las secretarias de las facultades de traductores e intérpretes en España, que con la cantidad de recién licenciados en paro los encontrará más baratos, mejores y además con título. ... ¿qué prefiere malo conocido que bueno por conocer?... bajeles el salario[3]...¿me decía?... que es muy novedoso, y que los demás no lo hacen, es verdad, ¿pero usted qué quiere, ganar dinero o marear la perdiz?. Olvídese de los demás, piense en como aumentar sus ingresos y disminuir los costes y por favor no me llore más. ¡Ah! que la reducción de costes no sea haciendo mal los cálculos, sino bajando la tarifa[4]. Se me olvidaba, que también podría reducirse el coste del capital... sí hombre, que gane menos. ¿Por qué no bajar el precio de los libros?, y que el incremento de volúmenes vendidos compensen el menor ingreso unitario... no me lo diga, en España sólo leen cerca de 3000 personas ciencia ficción y no se aumenta aunque se regalen[5].
Admitamos que la actual situación del mercado editorial hace imposible intentar una competencia en precios. Una vez desechada la posibilidad de una futura reducción de precios, debe entenderse que la competencia debe realizarse por el más alto nivel de calidad de los textos y del libro en su vertiente física. Pero esto también es complicado ya que el libro es en muchos sentidos una mercancía de prestigio, que señaliza el status de su propietario y lo identifica con un determinado estamento cultural. Si además se añade que la evolución del consumismo ha convertido el libro en objeto de regalo con unas connotaciones parecidas a las expuestas, pero que además matiza y enriquece las motivaciones de los compradores de libros (pero no para leerlos) y por último existe una clara tendencia del libro como objeto decorativo que personaliza el hábitat habitual de mayor acceso a terceras personas, así las cualidades del continente se potencian en detrimento del contenido[6].
Miquel Barceló
Si la competencia en el sector librero ya no se produce básicamente en el precio, ¿cómo compiten?. Esta pregunta es difícil de contestar y obviamente yo no tengo la única respuesta. Pero la tendencia de los bienes culturales en concreto y de todas las mercancías en general, es competir en valor añadido. Esta competencia en valor añadido se materializa en elevar la opinión, que el comprador potencial tiene del producto (es decir, en un más alto posicionamiento). Para ello se utilizan técnicas comerciales muy sofisticadas (pero de apariencia sencilla y alto contenido en sentido común) que repercuten en el producto de forma indirecta. En el caso del libro, supone un mayor cuidado del continente, de la publicidad y promoción en el momento del inicio de la distribución, búsquedas externas de prestigio a la obra a través de publicidad encubierta, como artículos en la prensa; pero un factor de importancia creciente es el Merchandaising[7], o la disposición física del producto en el lugar de compra. O sea, que se compite por tener una mejor estantería en lugar de ofrecer un producto más barato. De ahí la actual tendencia de editar muchos libros por parte de la editoriales, aunque vendan poco,  ya que mientras estén en la estantería dos libros míos, dos de la competencia que no estarán. Todo este tipo de competencia tiene un claro efecto en la distribución de los costes totales y eso incluye costes de producción, impuestos indirectos (i.v.a.), costes de distribución (ojo a los márgenes de los libreros, que deberían ser los más beneficiados con este tipo de competencia), publicidad y un largo etcétera. Cualquier análisis de la evolución de estos costes totales en el tiempo demuestra, que mientras los costes de producción están estancados o se reducen, los costes de ventas (publicidad, márgenes de minoristas...) aumentan espectacularmente. Sin embargo, todos coinciden a la hora de culpar del mal funcionamiento de los costes, únicamente a los de producción. Sin duda, todavía somos esclavos de la inercia y no utilizamos enfoques más globales a la hora de dar opiniones. Puede que en España y más concretamente en la Ciencia Ficción, no se haya impuesto totalmente este tipo de competencia pero se acabará imponiendo. Esto será irrevocablemente cierto  básicamente por la falta de iniciativa empresarial, que caracteriza a nuestra industria editorial, a pesar de contar con un mercado potencial  inmenso (gracias a nuestro idioma tan universal), que para sí quisieran países más avanzados: Alemania, Italia, Países Bajos...
      Una vez admitido el alto valor añadido en posicionamiento que conlleva el libro, debe admitirse que uno paga por lo que adquiere en la medida en que uno lo valora. Como las valoraciones son individuales y subjetivas hay compradores potenciales que adquieren un producto a cualquier precio y otros que no lo querrían ni regalado. Y es esta valoración subjetiva, que depende del yo, del genoma, de sus circunstancias y de donde esté, de cuánto ha comprado y consumido de la misma mercancía, para qué lo quiere y de un largo etcétera, que hace absolutamente erróneo el razonamiento de Miquel Barceló en el segundo artículo reseñado:
"... Leemos precisamente los caracteres que hay en el libro y un ejemplar con medio millón de caracteres nos ofrece dos veces más de "producto" que uno con sólo un cuarto de millón de caracteres. Eso me parece incuestionable. ..."
Antoni Garcés - Despedida de BEM on line
Lo único incuestionable es que hay el doble de caracteres. De ahí a afirmar que es el doble de "producto", es vaciar de contenido una materia de gran auge en la actualidad: el Marketing. En la base del razonamiento a seguir está que el doble de mercancía no es necesariamente doblemente valorado que la mitad (de hecho ni siquiera más), aunque el sentido común lo apunta. En este sentido debe entenderse la paradoja expresada por Adam Smith sobre el valor del agua y de los diamantes ¿Por qué valen más los diamantes que el agua? si ésta es más útil que los primeros. Una respuesta esquemática (y rápida) es; que cuando se compran diamantes no se está sediento[8]. Esto permite dar el punto de vista opuesto al de Pedro Jorge Romero, "son más baratos (los libros) que un par de zapatos o que una buena camisa, el problema está en que uno compra más libros que zapatos o camisas"[9], justamente por eso. Si no tuviésemos libros y tuviésemos suficientes camisas y zapatos, los libros serían carísimos (o al menos estaríamos dispuestos a pagar más por un libro que por una camisa o unos zapatos).
A modo de resumen, la tesis sobre la posible reducción de los precios de los libros si se consigue vender mayor cantidad de ellos, se mantiene desde puntos de vista erróneos[10] y desfasados. Consecuentemente deben buscarse otro tipo de razonamientos o comenzar a resignarnos con los inevitables altos precios.
 Noviembre 1994

by PacoMan


[1] "... En general, la traducción de un libro de ciencia ficción se paga en España a una tarifa que viene a ser la mitad de lo que recibe el traductor de un libro de literatura general. ..."
cita extraída de la página 15 , Barceló García, Miquel (1990) CIENCIA FICCIÓN guía de lectura NOVA ciencia ficción nº 28, ediciones B.

[2] El estudio estadístico realizado en el primer artículo, aunque limitado, permite un primer acercamiento interesante a esta problemática. Sin embargo, padece dos errores de bulto. Aunque Miquel es consciente de la necesidad de homogeneizar la muestra, de ahí la elección de libros de tapas blandas e incluso argumenta decisiones de inclusión o exclusión de libros en concreto, en aras de la homogeneización, incurre en dos errores que deshomogeinizan la muestra. El primero y más grave, es la no introducción de libros de narrativa general de autores extranjeros y por tanto que han debido ser traducidos; este error invalida el análisis ya que tres de los nueve libros de ficción sí han sido traducidos. El segundo error, aunque más leve, es la introducción de una obra en catalán. No tiene sentido comparar un mercado potencial de seis millones con otro de cientos de millones. Si se desea introducir una muestra de libros de escasa comercialización, hay que buscarlos en lengua castellana (como el resto de la muestra) y para ambas categorías, ficción y no ficción (y no sólo para los de ficción, representado por La vara de hierro).
[3] No es posible que el colectivo de traductores de ciencia ficción se opongan. No tienen medios de presión contra la editorial; no existe un colegio que les aglutine (y si lo hubiera, la mayoría no podrían pertenecer por no tener título académico que los respalde); no están contratados en nómina y una huelga sería infructífera por los altos incentivos a no secundarla individualmente (clara aplicación del fenómeno free rider, usado por economistas y sociólogos). Además, si tuviesen esa capacidad de respuesta ya la habrían ejercido para eliminar la discriminación de la que son objeto frente a sus compañeros traductores de la mainstrem.
[4] En el segundo artículo, el cálculo de la cantidad ingresada menos los impuestos (o sea, lo que se queda el vendedor), que se calcula como el precio de venta menos el impuesto sobre el valor añadido (i.v.a.) por el precio de venta, es erróneo.
Sea P el precio de venta (en el primer ejemplo del artículo las 2500 pts de El refugio) y sea t el tipo impositivo (los libros pagan el 6% de impuesto, luego t = 0,06). En el artículo se argumenta que lo que se paga de impuestos es el tipo impositivo por el precio de venta, es decir t·P, luego lo que queda para el vendedor sería (1- t)·P (el famoso 0,94·2500 del artículo). Eso es erróneo. El comprador paga el precio de venta, P, que se divide entre impuestos y la parte que se queda el vendedor (sea X esta parte, en términos fiscales la base imponible). Entonces P= X + t ·X, despejando X, se obtiene que la parte que se queda el vendedor es: X= P / (1 + t). Por lo tanto, es fácil comprobar que la parte que se queda el vendedor según el artículo [ (1- t)·P] y la verdadera cantidad  [X] son diferentes. Es fácilmente observable que siempre percibirá menos el vendedor, según el artículo, de lo que realmente obtiene.
La demostración se sigue de comprobar que: (1-t)·P < P / (1 + t) ya que –t2< 0 . Esto significa que siempre se estará pagando menos dinero a los autores. En el ejemplo de Redal y Aguilera se les calcula unos derechos de 470.000 pts (Derechos = Precio ingresado por el vendedor por la cantidad vendida (2.500 ejemplares) y por los derechos de autor; un 8%, es decir 470.000= (2500·0,94)·2500·0,08) mientras que los verdaderos serían:  471.698 = (2500·(1/1,06))·2500·0.08 ). Como se aprecia, la diferencia es pequeña (no llega a las 1.700 pts.). En el artículo este error no desempeña ningún papel y las conclusiones no se ven modificadas.
[5] Miquel Barceló además dice en su guía, (página  20 ):
"... De entrada renuncio a convencer a los que siguen considerando que la ciencia ficción es un género literario de segunda clase. La experiencia me ha demostrado que quién no ha empezado a apreciar la ciencia ficción en la adolescencia y juventud ha de poseer una gran inteligencia y una gran amplitud de miras para empezar a saborearla durante su vida adulta. La inteligencia tal vez exista, pero es fácil que la mentalidad abierta que exige la ciencia ficción haya desaparecido ya en muchos adultos. ..."
[6] Existe otro uso reducido pero enfermizo: el coleccionismo, del cual yo sufro. Un compañero de trabajo que padece del mismo mal me dijo una vez: " Yo obtengo utilidad (término traducible para los no iniciados en la teoría económica como: felicidad, bienestar, goce...) de verlos juntos (los libros)."
[7] Existe un error en el gran público, el merchandaising no son los productos relacionados con otro, por ejemplo gorras, camisetas, chicles y un largo etcétera que aparecen cuando se estrena una película de éxito. Pero quizás su continuo uso erróneo acabe eliminando su significado original.
[8] Para una mejor comprensión consultar con una pequeña obra recomendable incluso para los no iniciados; Barbé, Lluís (1988) De la doctrina clásica del valor. Antoni Bosch editor. No tiene desperdicio la conversación que se produce en el cielo entre los clásicos económicos: Adam Smith, David Ricardo y el comedor de opio Thomas De Quincey.
[9] Extraído de la carta de Mariano Villarreal publicada en la sección de correo del BEM 40.
[10] Quizás válido hasta principios de este siglo, cuando la publicidad comenzó a tener un carácter no meramente informativo, sino persuasivo. La publicidad fue la primera herramienta de Marketing usada por las empresas.

martes, 5 de febrero de 2013

La irracionalidad de suscribirse

El mundo ha cambiado mucho desde 1995. La explosión de las redes sociales ha modificado nuestra vida y la forma de nuestros hobbies. Aunque el trasfondo sigue siendo exactamente el mismo.

La extraordinaria y exitosa iniciativa de un grupo de aficionados, entre ellos Mariano Villareal  ha traído al mundo Terra Nova. Dejo aquí el enlace a su pagina: 


Su primer número (que ya tengo una copia física a buen recaudo en mi biblioteca) requirió de suscriptores que desembolsamos nuestro dinero con la esperanza de, que si todo iba bien, obtener una copia, eso sí pasados unos cuantos meses… pues en 1995 nos suscribíamos a fanzines y lo hacíamos a sabiendas de su supuesta irracionalidad.





Esta entrada vio la luz en 1995 en el fanzine Mundo Imaginario, en el número 7 editado por mi amigo Claudio Landete. El amigo Parera tuvo a bien reseñarlo e incluso subir el texto integro a su esplendida enciclopedia Trantor, dejo aquí su enlace  Trantor
(se accede al texto pinchando en la hojita de color verde):

Por desgracia el texto apareció sin las fórmulas ni los apéndices, cuestión que ahora subsano.
Sentí la tentación de lavarle la cara... he desistido; así eran las cosas, existían las pesetas y el futuro era un lugar donde uno deseaba llegar

LA IRRACIONALIDAD DE SUSCRIBIRSE.

            Una vez que un lector de fanzine (o de cualquier otra publicación periódica) ha decidido adquirir los siguiente números de esa publicación, aparece una interesante cuestión: suscribirse o no suscribirse. Si el lector analizado decide suscribirse, paga por adelantado un precio de suscripción fijado por el editor de la publicación y a cambio, recibirá en su domicilio los futuros números de la revista. Antes del análisis concreto cabe destacar la diferente situación que supone la facilidad que el lector tiene de conseguir la revista. Por ejemplo, si reside en un pueblecito de Lérida es más difícil de conseguir que si residiese en la ciudad de Barcelona.
            El contrato implícito que supone la suscripción dista mucho de ser contingente, es decir, que cubra todas las posibles circunstancias; básicamente no cubre al suscriptor del riesgo de quiebra o abandono de la edición del fanzine. Ante esta eventualidad, la indefensión del suscriptor es completa.
            Un lector se suscribirá si le sale a cuenta; es decir, sí y sólo sí, el precio de la suscripción es menor o igual que la valoración monetaria que este lector hace de los números de la revista estipulados en la suscripción[1]. El precio de suscripción es muy fácil de calcular ya que lo fija el editor y sólo en aquellos casos en que el suscriptor corra con los gastos de la transacción deberá añadirse ese coste al precio anterior.  La forma tradicional del pago es con un giro postal lo que aumenta el coste, porque el suscriptor paga las tasas del giro. También se paga por talón a favor del editor, pero éste recibe menos del valor nominal, pues él paga la tarifa de las entidades financieras por este servicio. No analizaré la determinación del precio de suscripción por parte del editor por quedar fuera de contexto, pero parece claro la existencia de un límite máximo para el precio: la suma de los precios individuales de las revistas que se estipulan en la suscripción[2].
            La determinación del valor monetario de las revistas por parte del lector es una materia compleja y subjetiva, pero a pesar de ello existen unas pautas y prácticas que permiten esclarecer esta valoración. Enumero los factores considerados.
Portada Mundo Imaginario nº 7

     1.-  La valoración estará compuesta por la suma de los precios individuales "descontados en el tiempo" de las revistas que se estipulan en la suscripción. ¿Qué se entiende por precio descontado en el tiempo?; el descuento captura la diferencia de valor de diferentes cantidades de dinero en diferentes momentos del tiempo. En el apéndice se ilustra el significado del descuento con un ejemplo. Esta técnica sería la aproximación más burda al valor subjetivo. De hecho, existen múltiples razones que modifican esta valoración.

    2.-    Es fácil imaginarse la existencia de unos cuantos costes en la adquisición de la revista: el de transporte y el del tiempo necesario para hacerlo. Lógicamente, lo comentado al principio sobre el lugar de residencia del lector se refleja en este coste.; en este sentido, un mayor abanico de establecimientos que distribuyan la revista no favorecen la suscripción[3]. Luego, estos costes subjetivos (para cada lector pueden ser diferentes) asociados a la adquisición hacen más interesante suscribirse.
     3.-   Pero si no me suscribo y en una de las ocasiones voy demasiado tarde o fruto de la buena gestión del editor, la revista alcanza demandas insospechadas, corro el peligro de quedarme sin mi número. Aunque la eventualidad de quedarse sin revista es posible, no es probable. Este riesgo también favorece la suscripción.
    4.-   Otro factor que en algunos momentos puede ser importante, es la posible elevación (o disminución[4]) del precio de venta unitario del fanzine. El suscriptor está cubierto normalmente de este aumento, en los números que resten para concluir la suscripción. Por lo tanto, el hecho de no estar suscrito supone un riesgo, con una  cierta probabilidad de aumento en el precio. De nuevo, tanto la probabilidad como la cuantía del incremento de precio son subjetivas. Respecto a la probabilidad de subida, necesariamente debe ser muy baja, dado que los procesos inflacionarios españoles actuales y previsibles en un futuro cercano no deberían ser muy grandes[5]. Además, la vida media de las revistas por desgracia es muy baja, por lo que no suelen ser necesario revisiones de sus precios, desde su inicio hasta su desaparición. Resumiendo, cuanto mayor sea la probabilidad y cuantía del incremento del precio, más atractivo es suscribirse.
             5.-   Existe un elemento de análisis totalmente ajeno al editor y al lector: el servicio de correos. Aparte de la eventualidad de quién corre con los costes de envío, existe para el lector un riesgo, que dependiendo de la buena voluntad del editor se compartirá o no. Estoy hablando de los retrasos, deterioros de las revistas y pérdidas del paquete postal. Por lo tanto, si no me suscribo, no sufro estos riesgos. Afortunadamente parece que Correos comienza a normalizar su servicio, pero no deben desestimarse posibles recaídas. Así, cuanto peor servicio preste correos menos interesante es suscribirse.
              6.-   El factor más importante de la valoración ya se ha anticipado: la corta vida de las revistas. Existe una probabilidad (por desgracia muy alta) de que la revista desaparezca y deje colgado al suscriptor. Al lector no suscrito no le afecta, puesto que aunque queda privado de su lectura, no ha realizado ningún desembolso previo. Luego, a mayor riesgo de desaparición, menos atractivo es suscribirse.
               7.-   Un fenómeno estrictamente relacionado con el descrito en el anterior párrafo es el posible aumento de la probabilidad de subsistencia que provoca una nueva suscripción. Debido al escaso número de lectores y al aún menor de suscriptores, una nueva suscripción supone un incremento porcentual y real en el número total de suscriptores, que puede suponer un respaldo moral y material que permita al editor seguir adelante. Este efecto positivo a la hora de la suscripción, no puede de ninguna manera compensar la alta probabilidad de desaparición; la historia de los fanzines españoles está ahí para ratificar este supuesto.
              8.-   Bastantes faneditores y asociaciones que editan una revista, distribuyen de forma paralela a su revista, unos boletines exclusivos para sus socios[6]. Por lo tanto, deben valorarse monetariamente esos boletines, el número que se recibiría durante la suscripción, su periodicidad y tener además en cuenta el efecto del tiempo, al igual que se hizo con la revista. Cuanto mayor número y calidad de  estos boletines, más atractiva se vuelve la suscripción.
               9.-   Existe otro factor que puede influir a algunos de los suscriptores. En la mayoría de los casos, el reducido Fandom español hace coincidir a los fans activos (escriben relatos, artículos, ilustran, envían cartas al editor, reseñas de libros y cualquier tipo de colaboración) con los suscriptores a las revistas. La supuesta mejor predisposición de un editor a publicar una colaboración de un suscriptor, que una colaboración realizada por un lector, puede influir positivamente en el potencial suscriptor, a la hora de decidir abonarse[7]. Por lo tanto, existe una valoración monetaria de poder ver publicada una o varias colaboraciones, al estar suscrito. Mientras que si no se suscribe, esas colaboraciones (y no todas) no serían publicadas. De esta forma, cuanto más importancia tenga este fenómeno para el lector más le interesará suscribirse.
            Así, de comparar el precio de la suscripción que fija el faneditor con la valoración subjetiva que el lector hace de la revista, se suscirbe o no dependiendo de cuál es mayor. Como se ha visto, este último valor se obtiene de contabilizar los factores antes expuestos. Un primer acercamiento más formal se puede encontrar en el apéndice. Puede parecer que no exista una clara intuición de cuál será mayor (el precio o la valoración del lector), pero no se deben perder de vista dos detalles. El primero y más importante, es la posibilidad de desaparición de la revista, que desaconseja suscribirse. El segundo, lo tenemos en el propio precio de suscripción, que cuanto más cerca esté del resultado de multiplicar el precio por el número de revistas, menos interesante es suscribirse[8]. Los otros factores que he enunciado, aunque importantes, no tendrán un efecto muy relevante para la gran mayoría de lectores. El bajo número de suscriptores y la corta vida de las revistas parece indicar que los aficionados nos suscribimos muy poco a las revistas. Esto se explica por dos motivos. Uno, que somos muy pocos los aficionados a la ciencia ficción y segundo, que tras sopesar los pros y los contras, no sale a cuenta suscribirse. En otras palabras, no es racional pagar por adelantado algo que seguramente nunca se llegará a tener.
            Pero entonces debe realizarse una muy desagradable pregunta: ¿son irracionales los aficionadas que sí se suscriben?. La respuesta es un no a medias. No, porque puede ocurrir que las apreciaciones subjetivas del suscriptor en su análisis, indiquen la conveniencia de suscribirse. Pero personalmente este no es mi caso y estoy suscrito a unas diez publicaciones. Entonces ¿soy un irracional?; aunque conozco a muchas personas que lo afirmarían sin ningún tipo de remordimientos y que continuamente me insinúan la conveniencia de hacerme visitar por un buen psiquiatra, debo decir en mi defensa que existe un último factor en la valoración que no he explicado:
            10.-  Existen factores psicológicos en la decisión de suscribirse a un fanzine de ciencia ficción: la pertenencia a un grupo. La pertenencia a una subcultura es un fenómeno ampliamente estudiado desde la psicología, que enuncia como hecho, positivo[9], el pertenecer a un grupo exclusivista: el reforzamiento de la personalidad, la autoafirmación, seguridad en uno mismo y la existencia de un conjunto de valores compartidos (científicos, sociales, morales, políticos, religiosos...). Luego, nos suscribimos porque nos gusta nuestro grupo, estamos contentos en él, nos identificamos con el editor, el colaborador, los demás suscriptores, los escasos anunciantes e incluso con el impresor; en fin, es como estar en casa. Este fenómeno permite explicar la resistencia de ciertos individuos (yo entre ellos), a abrir el ghetto a personas poco amantes del género, que puedan reducir ese sentimiento gregario que permite la subsistencia de actividades totalmente irracionales e inviables desde un punto de vista pragmático.


APÉNDICE.

 Ejemplo de descuento temporal

            Un ejemplo: 1000 pts. hoy y 1000 pts. dentro de un año no valen lo mismo; es como si las pesetas de hoy fueran dólares y las del año que viene francos. Para poder sumarlas o compararlas necesitamos el tipo de cambio dólares-francos y así poder calcular el valor de una de las monedas en unidades de la otra. O sea, podemos saber cuántos dólares o francos tenemos. De la misma manera, se necesita el tipo de interés anual para poder sumar ambas cantidades y al igual que en el caso de las divisas, podemos obtenerlo en unidades de "pts. hoy" (el proceso se llama descuento) o "pts. de aquí a un año" (el proceso se llama capitalización). Supongamos que el tipo de interés anual es del 0,06 (es decir el 6%) así, podríamos preguntarnos con cuánto dinero hoy, podemos pagar 1000 pts hoy y 1000 pts el año que viene, (esto es la definición del valor actual o descontado de esas cantidades). Parece claro que necesitamos 1000 pts para hacer frente al primer pago, más las pesetas necesarias que dentro de un año permitan pagar 1000. Como el dinero produce un rendimiento (por ejemplo, llevándolo a un banco), no necesito 1000 pesetas hoy para tener 1000 dentro de un año; de hecho, necesito únicamente a  pesetas que junto a los intereses que genera:  a·0,06 (o sea, el tipo de interés (0,06) por la cantidad) sumen las mil pesetas del año que viene, es decir; 
a  + a ·0,06= 1000.  Resolviendo esta sencilla ecuación nos permite obtener:
es decir  a =   943,396 pts.. En el ejemplo de BEM de la nota, si el tipo de interés bimensual es del 0,01 (el 1% bimensual, aproximadamente implica un 6% anual[10]). Así, el valor descontado de la suma de los precios individuales (VD) sería:
  

Suscripción.

             0.- Sí P es el precio de cada una de las revistas, si i es el tipo de interés bimensual, si la suscripción fuese por tres números bimensuales y el precio de suscripción más gastos de pago fuese SUS, entonces la fórmula que debemos comparar para suscribirse o no, aparece al final de este apéndice y la valoración subjetiva del lector sobre los números de la revista se explica por los siguientes factores:
              1.-  Precio por unidad de la revista. Por lo anteriormente descrito en este apéndice y con la información del anterior epígrafe, la valoración del lector estará compuesta por la suma de unas divisiones:
Donde h indica el número de la revista considerado.
              
             2 y 3.-  Coste de transporte y riesgo de pérdida de número. La cantidad monetaria TR captura el coste de transporte del lector necesario para adquirir un número y también el coste monetario equivalente al riesgo de quedarnos sin el ejemplar[11]. Luego TR aparece sumando al precio individual del número; es decir, aumentando la valoración monetaria de la revista y por eso favoreciendo la suscripción.
                 4.-   Riesgo de la elevación de precios. La probabilidad de un aumento del precio en una cantidad de pesetas, PA, es psi (griega):
Supongo que probabilidad y cantidad se mantienen constantes durante el período analizado. Este riesgo favorece la suscripción y esto se refleja en que el aumento esperado de precio en cada número adquirido, psi por PA, aparece sumando
al precio de adquisición de la revista.
            5.-  Correos. Si el lector no se suscribe, puede valorar esta ausencia de riesgo de pérdidas causadas por un mal servicio de correos, con la cantidad monetaria NC (de nuevo la valoración de este riesgo es subjetivo). Esta cuantía la considero constante a lo largo del tiempo. Este factor desalienta la suscripción, de esta forma la cantidad NC aparece restando el precio de cada una de las revistas.
          6 y 7.- Desaparición de la revista. Los apartados 6 y 7 descritos en el texto y referentes a la probabilidad de subsistencia de la revista los agrupo en uno solo en aras de la simplicidad. Supongo que la probabilidad final de fallecimiento prematuro es constante durante todo el período e igual a zeta (griega):
Luego, 1- zeta es la probabilidad de que siga en activo al siguiente número.La forma de introducir este factor en el análisis debe ser multiplicando la probabilidad por el coste total de adquisición individual y además elevándolo al número de veces por el que la revista consigue sobrevivir. De esta forma se reduce la cuantía de la valoración del lector, lo cual hace menos atractivo suscribirse[12].
         8.- Boletines. Asumo que la cantidad BO captura la valoración, en términos monetarios, que el lector realiza de todas las publicaciones anexas a la suscripción. Para no complicar excesivamente el cálculo, supongo que aparece una única vez[13]. Como la existencia de los boletines hace más atractivo la suscripción, la cantidad BO aparece sumando.
        9.- Publicación. Supongo que la cantidad PU captura la valoración, en términos monetarios, que el lector asigna a aquella mayor posibilidad de ver sus colaboraciones publicadas en la revista por el hecho de ser suscriptor que de no haberlo sido. Como este fenómeno facilita la suscripción aparece sumando en la expresión.
         10.-  Beneficio psicológico de pertenencia al grupo. Asumo que la cantidad GR representa la cantidad de pesetas equivalentes a la valoración que el lector aficionado/amante al genero fantástico asigna a pertenecer a un grupo de "almas afines" y mantener activamente las revistas de aficionados. Lógicamente, este fenómeno hace más apetecible la suscripción, por lo que aparece sumando en la valoración de las revistas por parte del lector.

           Luego, si SUS es mayor que el sumando no me suscribo y si SUS es más pequeño que la expresión al otro lado del , sí lo hago.




[1]              A modo de ejemplo, cojamos el fanzine de mayor difusión nacional: BEM. El lector puede suscribirse por el precio de 2.700 pts a seis números de periodicidad bimensual y con un precio individual de 475 pts.. De esta forma, si la valoración monetaria que el lector hace de esos seis números fuese por ejemplo 3000 pts se suscribiría. Pero si sólo las valorase en 2500 pts no lo haría y las adquiriría cada dos meses en el establecimiento donde habitualmente se provee de esta revista. Ojo, que en la valoración del lector  no es lo mismo pagar 475 pts. hoy por el primer número, que 475 dentro de un año cuando se adquiere el sexto número.
[2]              Esto es cierto en cualquier caso, sí y sólo sí, el tipo de interés real es positivo, o dicho de otra manera, existe inflación (y no deflación) y los bancos cobran por prestar dinero.
[3]              De segundo orden, pero no menos interesante es la cuestión de cómo una revista con pocos puntos de venta, se da a conocer a sus posibles lectores.
[4]              La lógica y la historia muestran que en situaciones con inflación los precios de las cosas no disminuyen, pero existe un precedente, muy reciente, que lo contradice. La revista CYGNUS, cambió de formato, pasando de A4 a A5 y disminuyó su precio de 300 pts a 280 pts. Pero no sólo no disminuyó su calidad, sino que aumentó su número de páginas.  Envié una carta al editor desaconsejando esta medida; si alguien está interesado en  conocer los motivos aducidos, puede solicitarme una copia.
[5]              La pertenencia de la peseta al Sistema Monetario Europeo, impone una disciplina muy férrea en la política monetaria del Banco de España que desde el 1 de Enero de 1995 es autónomo del gobierno español.
[6]              Ejemplos: Gaceta del Fandom (Mundo Imaginario), Lothorien (Elfstone), Pórtico (AEFCF esta publicación es gratuita para el socio, pero se puede comprar el Visiones anual) ...
[7]              En el caso de Mundo Imaginario es representativo, pues sólo publica colaboraciones de socios. Aunque esta norma de la asociación sistemáticamente no se ha respetado y el porcentaje de colaboraciones de autores no socios es similar al del resto de fanzines respecto a sus suscriptores.
[8]              Una revista se vuelve más interesante, en lo referente a suscribirse, cuanto más descuento ofrece. Es un trabajo interesante abordar cuán rentable es suscribirse a las revistas españolas, teniendo únicamente en cuenta ese descuento.
[9]              Para conocer el negativo sólo hay que escuchar a las personas de nuestro entorno que no comparten nuestra afición.
[10]            El cálculo del tipo de interés anual equivalente (T.A.E) a un tipo de interés nominado en una unidad temporal inferior al año (por ejemplo mensual, trimestral), tiene en cuenta el fenómeno de la generación de intereses de los intereses. Es decir, que el tipo anual no puede obtenerse multiplicando el tipo bimensual por las seis bimensualidades que tiene un año. De hecho la forma correcta se obtiene de la siguiente fórmula:

                (1+TAE) = (1 + i )n, donde i es el tipo de interés medido en meses, bimestres, trimestres, etc. Y n es el número de veces que se da esa unidad en un año, por ejemplo si el interés es mensual, n=12; si es trimestral, n=4 y si es semestral, n=2. En nuestro ejemplo, el T.A.E equivalente a un 0.01 bimensual es  0,061520150601; o sea, algo superior al 6%.
[11]            Este coste, técnicamente se le conoce como coste de rotura y es fundamental (o debería serlo) en la gestión del almacenamiento de productos acabados, materias primas, etcétera.
[12]            Multiplicar cualquier número por otro positivo pero menor que uno, da como resultado un número menor que el de partida.
[13]            Un análisis más riguroso hubiese requerido descontar el valor monetario de cada uno de los boletines, teniendo en cuenta el momento temporal de su aparición.